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¿QUÉ HAY DETRÁS DE LA CRISIS DE SUMINISTROS? POR QUÉ APOYAR AL PEQUEÑO COMERCIO ES LA DECISIÓN MÁS RESPONSABLE

A menos que vivamos dentro de un búnker -como Desmond Hume en ‘Lost’-, seguro que todos hemos oído hablar durante los últimos meses sobre la crisis de escasez de suministros en la que el mundo está inmerso. Se publican noticias sobre escasez de microchips, de falta de stock, de apagones que están a la vuelta de la esquina y de escenarios catastróficos (como si una pandemia mundial no hubiera sido suficiente). 

Un panorama de alarmismo que, visto desde fuera, da muchas pistas sobre el mundo en el que vivimos. Y es que no podemos negar que existe una crisis derivada del consumo que ya se está traduciendo en una subida de precios generalizada que puede acarrear grandes problemas tanto a los comercios independientes como a los consumidores.

Pero, ¿cuáles son realmente las claves de esta crisis de suministros y qué podemos hacer para no ceder ante este tipo de mensajes contradictorios? Desde nuestra burbuja low waste, donde abogamos por el consumo responsable, de proximidad y con cabeza, te invitamos a conocer todas las claves sobre esta situación y descubrir formas de hacer que tu bolsillo no se vea tan afectado. 


La escasez de suministros en cuatro episodios fundamentales

Para comprender qué está pasando exactamente con la llegada de mercancías, la falta de suministros y la histeria generalizada en torno a la escasez, debemos tener en cuenta tres episodios que están interrelacionados:


1. Crisis en el transporte

Durante el desarrollo de la Pandemia, las grandes compañías de transporte -es decir, las propietarias de la flota de containers– retiraron una importante cantidad de contenedores y barcos para no pagar costes de mantenimiento mientras no estaban en uso. Es más, una buena parte se vendió como chatarra. 

Al volver a la normalidad (relativa, ya se sabe), muchas compañías no han recuperado el número de contenedores que tenían antes del comienzo de la pandemia, sino que han optado por especular y venderse al mejor postor (es decir, al que mejor pague el transporte). Esto, en un mundo que se ha habituado al tráfico continuo de envíos de continente a continente, ha terminado por generar retrasos que se deben a la falta de sitio en los medios de transporte.

Además, y a pesar de que en Canarias no lo hayamos sufrido tanto, hay que añadir que en los últimos meses de 2021 la situación de los transportistas en nuestro país (y otros países) no ha sido muy estable que digamos, hasta el punto de que en España se llegó a convocar una huelga. Esta escasez de transportistas ha supuesto un eslabón más en esta serie de catastróficas desdichas: no solo faltan contenedores, sino que una vez que llegan a puerto tardan en descargarse y distribuirse, generando un cuello de botella en la cadena de suministros. Hasta que no se esclarezca del todo esta situación, la incertidumbre y la tendencia natural del mercado van a hacer que se prolongue más la subida injustificada del precio de las cosas y los retrasos en las entregas de mercancías.


2. Falta de materias primas

Como resultado de esta crisis que genera retrasos en los transportes, toda la cadena de producción se ha descontrolado. Desde el propio sector primario, que es el que más nos atañe como consumidores de granel, se han generado problemas de abastecimiento de materias primas. Un ejemplo es el de la potasa, con la que se elabora el jabón potásico que ayuda a controlar las plagas en la agricultura ecológica o algo tan básico como el cartón que se utiliza para las cajas, cuyo precio también se ha disparado en los últimos meses. Esto repercute directamente en el precio de los productos frescos, que están destinados a incrementarse y que harán que los márgenes de los agricultores sean incluso más estrechos. Pero también veremos cómo se producen roturas de stock en muchos productos (en nuestra tienda, ya lo estamos viendo en detergentes y otros productos de limpieza), que es probable que tarden más en llegar.


3. Subida de precios generalizada

A esta crisis del transporte y de falta de materias primas, se le ha sumado también una inflación incesante, que empieza por el precio de la gasolina y se desarrolla hasta todos los ámbitos de consumo. Hasta hace poco, los comercios habían compensado este cambio con subidas en los precios finales y recurriendo al stock, pero la realidad es que ha llegado un punto casi insostenible, en el que ya se asume un incremento generalizado de precios de cara a 2022.

Además, esta subida en el precio de la gasolina también tiene una buena parte de la responsabilidad -directa o indirecta- de que haya subido el precio de la electricidad, que ya sabemos que en los últimos meses ha alcanzado máximos históricos.

Por si esto no fuera poco, son muchos los distribuidores que utilizan esta situación para incrementar más sus precios. Los hay incluso -y esto es true story-, que se suman al carro del ecologismo e inventan suplementos para sus precios bajo la excusa del cambio climático. ¿Acaso alguien piensa que la emergencia climática ha empezado en 2021? 


Ante la subida de precios, apostar por lo local es la clave


Prever el comportamiento de la economía global es una tarea sumamente complicada. No obstante, es importante saber que van a llegar tiempos complicados para los comercios más pequeños. Las grandes superficies o los gigantes digitales, por su propia naturaleza, tienen más capacidad para asumir estos costes. Razón de más para seguir apoyando a los establecimientos locales: para garantizar su supervivencia y para seguir practicando un consumo responsable, incluso cuando el resto del mundo pide a gritos alarmarse, gastar y comprar compulsivamente.¿Y qué es lo que podemos hacer durante este nuevo año para no caer en la trampa? ¿Cómo podemos lograr que los pequeños comercios tengan la opción de seguir adelante en una realidad tan competitiva?


  1. Replantear nuestras necesidades de consumo y definir si es tan importante tener un teléfono nuevo en 2022, comprarnos la blazer de moda en las rebajas o hacernos con ese artilugio de cocina que venden en no sé qué web china a precios de risa (ojo, que esto también es aplicable a productos zerowaste)

  2. Apuesta por los productos de proximidad y rechaza el «made in China«. A las marcas que practican greenwashing les funciona muy bien esto de hablar de kilómetro cero o ser carbon-neutral, pero consumir productos de proximidad no es solo cuestión de marketing. Apenas es necesario revisar las etiquetas para conocer el origen de los productos. Bien es cierto que, a veces, es inevitable no recurrir a productos de origen asiático porque no se pueden encontrar dentro de nuestras fronteras (gracias, desindustrialización). Pero, si sabemos que hay empresas que los producen en España o Europa, no tiene ningún sentido adquirirlos desde tan lejos. Ante la duda, mejor escoge productos y marcas canarias, nacionales y europeas.

  3. Apoya a pequeños comercios y compra online solo lo justo y necesario. Es posible que te hayas dejado conquistar por la política de tener productos en casa a las 24 horas que ofrece cierto gigante digital dirigido por un excéntrico que pagó un pastón para ir al espacio durante unos minutos. Quizás te explote la cabeza con esto que te contamos, pero ¿sabes que con el comercio local puedes tener los productos ✨al momento✨? Que sí, que hay veces que no está todo disponible y hay que pedirlo, pero consumir los que se tiene al alcance es también una forma de sumarse al movimiento low waste. Piensa, además, que estarás favoreciendo a la economía local, y que esto evita también que se siga saturando el transporte o que continuemos enriqueciendo a los mismos de siempre.

  4. No pagar lo más barato, sino pagar lo justo. Para mantener un equilibrio adecuado entre productores y consumidores (vistos los abusos de las cadenas de distribución y transporte), no debemos cegarnos ante el atractivo de un precio muy económico en plena época de inflación. Detrás de él puede encontrarse un sistema de producción nada respetuoso con las personas y con su entorno, una competencia desleal hacia productores más pequeños que comercian lo mismo a nivel local y, por supuesto, una huella de carbono completamente innecesaria. 

  5. Optar por el fresco local y de temporada. En Canarias y en el resto de España tenemos la suerte de tener una huerta lo suficientemente amplia como para tener producto de temporada todo el año. Preocúpate por revisar el origen de los alimentos para no tener que comprar papas inglesas o cebollas de Israel y anímate a ti mismo a conocer qué alimentos son de temporada. Una fuente bastante fiable son los calendarios que elabora el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, que hacen un desglose de las frutas y verduras disponibles en cada mes del año. No obstante, ten en cuenta que en Canarias tenemos ciertas excepciones climáticas y algunas hortalizas alargan más su temporada de lo que suele ser habitual en otras zonas de España.

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